viernes, 25 de abril de 2008

Tambor coriano: tocadores principales

El tambor coriano: tocadores principales

La Señora Olga Camacho afirma que la legendaria María Chiquitín era una curazoleña descendiente de africanos que llegó a Coro en fecha no precisa y en donde ya existía el tambor. Siente mucho dolor porque en aquellos tiempos no existían los medios tecnológicos ni el apoyo actual que hubiese hecho posible el registro de tan valioso legado artístico y humano. Desde otros sitios, como Cumarebo y La Vela, venía la gente a parrandear con el tambor coriano, cuyo estudio científico deberá ser iniciado con el rigor y sistematicidad que amerita el caso.

Los viejos del barrio La Guinea refieren que el día 30 de noviembre se escuchaba el toque de tambor como un signo de inicio de las celebraciones de la navidad. En particular, en la tarde de ese día se respiraba un ambiente de alegría como claro mensaje de bienvenida a tan esperada ceremonia popular; así, las canciones alegres y bonitas incitaban al baile entre quienes se encontraban o unían en aquellos días de ambiente festivo.

Se ha hecho un lugar común la afirmación relativa a que, en la tradición del tambor coriano, parece haber un enlace o relevo femenino que va desde María Chiquitín a Olga Camacho, cuya agrupación, hace unos años bautizada con el nombre de “La Camachera”, ha sabido arropar en Coro los rasgos más emblemáticos o significativos de las expresiones musicales, danzarias, del canto, el vestuario y la gracia que envuelven a este rico complejo cultural asociado con el tambor. Muchos otros personajes y personas se esforzaron por rescatar y preservar esta tradición, pero ha sido la familia Camacho la que la ha conquistado con mayor plenitud y trascendencia en virtud de su trabajo y dedicación constantes y sostenidos. De ahí que se hayan convertido en la referencia obligada de la vida cultural no sólo de Coro, sino de todo Falcón, hasta el punto que no hay visitante, por poco avisado que sea, que no transporte en su morral el poder conocer o presenciar alguna de sus actuaciones.

Nos parece muy importante la información y el enfoque que nos ofrecen Rafael Sánchez y José Pero* en su libro Coro, aspectos históricos, en el que afirman que, para el año 1585, en el Sur de Coro existía un barrio de negros --africanos o loangos-- denominado barrio de Guinea en recuerdo a los pobladores procedentes de las islas de Curazao, Aruba y Bonaire, inmigrantes a quienes estos autores atribuyen su fundación. Por ello a continuación vamos a glosarla a fin de que los lectores tengan la oportunidad de evaluar lo expresado por estos acreditados autores.

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* Sánchez Rafael y José Pero: Coro, aspectos históricos (volumen II), Coro, ediciones corianidad [1991]

Olga Camacho, la Reina del Tambor Coriano

En 1575 existía un poblado de igual nombre en la serranía de Coro. Conforme a real cédula del 27 de abril de ese mismo año, el asentamiento se extendió desde Curimagua hasta Coro. En tiempos del adelantado Heredia, predominaban unas casitas con forma de ranchitos de paja y otras construidas de bahareque, o sea, de paja, bejucos y barro en forma cuadrada tipo panela. Los referidos negros serranos visitaban el cantón de Coro los fines de semana en que tenían lugar bailes y canturías con predominio del ritmo del tambor entrelazado por lánguidas canciones en “lengua primitiva”. A fines del siglo XIX existió en Coro una colonia curazoleña, procedente de esa isla neerlandesa, donde también se repicaba el tambor y se cantaba en papiamento.

Los pobladores de Curazaito se reunían los días viernes, sábados y domingos para cantar y bailar. Entre ellos, los Stekman, los Faneite, los Arion, los Penso, los Curiel y muchas otras familias de origen curazoleño dejaron una huella en la memoria colectiva del coriano la que, poco a poco, se ha ido desdibujando hasta el punto de estar corriendo el peligro de desaparecer.

Entre los repicadores del tambor han sido salvados del olvido los nombres de María, Jacobo Arion, Francisco Polo, el Negro Yulio, Camilo Pirona (padre de la señora Ana Lucía, a quien hemos entrevistado y citamos en el presente trabajo) y la Negra Katriche, presuntamente de La Vela, según Gustavo Ricaurte y los dos mencionados autores que hemos citado.

Ya a la altura de la década de los veinte del pasado siglo, María Chiquitín formó su grupo de tambor, el que parece haber contado con cantantes y bailarinas, entre los que se recuerda a Victoriano Veroes, la Negra Leonor, Carmen Yánez, Panchón Faneite, “Chinto” Marte y otros. María Chiquitín lo denominó tambor coriano y, al parecer contribuyó a que afianzara el día dos de enero como el Día del Comerciante, que era cuando terminaba el repique del tambor que comenzaba el primero de diciembre. Un grupo de empresarios corianos se habían organizado para pautar ese día como de asueto, ocasión en que tanto niños como adultos usaban sombreros de pajilla, que para esa época costaban dos bolívares y medio, es decir, cinco reales o dos chelines (un chelín equivalía a 25 céntimos.) para el año 1923, siendo Gobernador el General Aguaje, fue alcanzado tal logro. Durante tal jornada festiva, los comerciantes cerraban sus negocios y la gente incitaba a sus familias que quebraran los sombreros para obligar a que fuesen comprados otros al día siguiente.

El tambor coriano parecería haberse silenciado después de la muerte de María Chiquitín. Se le escuchaba repicar esporádicamente, casi sólo en ocasión del primero de diciembre y del dos de enero. No obstante, lograron sobrevivir algunos grupos musicales, como los de José Morillo, Changó Stekman, Panchón Faneite, Hermenegildo Riera, Juan Ramón Piquito, “El Chino” Abraham Padilla, Jacobo “El Chuco” Valdés, “Chucho Cabeza”, Teófilo Tizo Faneite, Lino Palmora y Goyo Tabareco.

En la historia del tambor coriano hay una mujer singular que se ganó por muchas razones un sitio privilegiado en la historia de esta tradición musical. Se ha llegado a afirmar que ella fue una de los artífices de su renacimiento y, en efecto, Olga Camacho supo llenar con creces el vacío que sobrevino a aquel período en que tanto brillo alcanzó dicha práctica asociada al tambor gracias a la magia y a la gracia de aquella curazoleña fallecida antes reseñada. Olga lo revivió a golpe de constancia y de creatividad puesta a toda prueba; supo trasladar ese impulso a tamboreros calificados y dotados de gran excelencia y de la talla de Miguel Lugo, Joncho Manzanares y de Benigno Pachano quien, con su furro, que no es originario del tambor coriano, le imprimió más ritmo y más entusiasmo.

El propio Rafael Sánchez refiere haber sido el promotor de la señora Olga Camacho a nivel nacional a través de la televisión venezolana, en la que la presentó en varias ocasiones; asimismo, fue él quien grabó su primer disco, intitulado “El negro Katanga”, obra responsable de haberla hecho popular en todo el país.

La aparición de los barrios colindantes al denominado centro colonial de Coro obedece al proceso migratorio del campo a la ciudad que se produce en toda Venezuela y que, por lo demás, es propio de los países mal calificados de subdesarrollados. Su flujo es perfectamente visible de 1554 en adelante, con períodos de alza acentuada entre los años de 1779 a 1833-1834, asentamientos que más adelante darían origen a los del barrio Pantano y Pantano Abajo, los barrios de Cabudare, algunos de los cuales quedaron establecidos entre huertas erigidas por barquisimetanos inmigrados a Coro.

Según los dos autores cuya obra hemos glosado en esta sección*, La Guinea se formó con negros que habían adquirido su libertad gracias a las riquezas acumuladas con su trabajo, amparados por una real cédula del 27 de abril 1579. En una de sus páginas se reseña la sublevación de esclavos ocurrida en Coro y la fuga de esclavos procedentes de Curazao hacia las costas corianas.

Otros autores también han afirmado que los barrios La Guinea y Curazaito fueron fundados por esclavos africanos procedentes o traídos de las denominadas Antillas Holandesas. Generalmente tales expertos carecen de documentación histórica de respaldo y sus afirmaciones son tomadas como verdades convertidas por la gente ya en tradición que nadie pone en duda. Algo parecido sucede en lo relacionado con el origen y evolución del tambor coriano. Para nosotros hoy se trata de un reto validarlas o enmendarlas a partir del estudio y las investigaciones en curso. Es lo que sucedió con la mítica María Chiquitín, de quien se afirma haber llegado a La Guinea procedente de Curazao y se afanó en constituir en el barrio su grupo de tambor al que puso el nombre de “Los Enanos”, con el cual llegó a desfilar por sus calles no sólo el 30 de noviembre, sino también los días 24, 25, 28 y 31 de diciembre.

En un artículo aparecido el 28 de agosto de 1986 en el periódico El Nacional se afirma que “el tambor veleño [sic] deja de escucharse por más de 20 años, hasta que Olga Camacho lo rescata y hoy en día puede escucharse en varios sectores de Coro”. Categóricamente se refiere a la existencia de un solo tipo de tambor, que es acompañado por el güiro, el cacho de venado, el cuatro, el furruco, las maracas y la charrasca. Existen tres formas de ejecutar el tambor: el golpe, el quiebre y repique.

La historia de algunos habitantes del barrio La Guinea a veces se transforma en canciones del tambor coriano. Así había un extraño personaje nocturno que aparecía en las huertas o en las siembras provocando que más de uno de los menguados corianos se quedara sin aliento a consecuencia de que a tal figura se le atribuía el haberse llevado a algunos de los paisanos. Alguien lo bautizó con el mote de “El demonio” y así pasó a esta canción:

*Estos autores citan a Miguel Acosta Saignes para amparar sus afirmaciones Vida de los esclavos negros de Venezuela. Valencia, 1984, página 268.

Temporá, temporá

Allá viene temporá

¿Qué será de mis muchachas?

Cuando llegue temporá.

El tema “Magdalena” está compuesto en versos que improvisan los cantadores durante las parrandas. Refiere la existencia de un señor que gustaba bailar todo tipo de música y para destacarse en el baile lo hacía pirueteando en un solo pie.

Magdaleno, Magdaleno

Bigote de escabellón

Prepárate Magdaleno

Pa que barras el fogón.

Ahí estaba yo

Bailando no sé qué

Y el tiempo de bailar tango

Lo bailaba en un solo pie.

En casi todas las canciones se percibe el humor y el gracejo propio del pueblo, más remarcados aún en la siguiente, en la que se lleva a términos de burla, con tintes de picardía, a la novia que asiste al acto solemne de las nupcias en la iglesia:

Cuando yo me fui a casar

A la iglesia por completo

El señor cura me dijo

Aquí tiene su esqueleto

Hueso no más tenía mi novia

Hueso no más.